Cuando como padres comenzamos a notar que algo no fluye del todo en el desarrollo de nuestros hijos, es normal sentirnos perdidos.
Surgen preguntas, dudas, miedos… y muchas veces no sabemos por dónde empezar.
La buena noticia es que no estamos solos y que dar el primer paso no tiene que ser complicado.
La teacher y la escuela: un punto de partida
Las teachers y la escuela pasan muchas horas observando a los niños en un entorno estructurado, con rutinas, reglas e interacción social.
Por eso, muchas veces son las primeras en notar:
- dificultades en el lenguaje
- retos en la atención
- desafíos en la socialización
- conductas que se repiten
Una conversación abierta con la teacher puede brindarnos información valiosa y ayudarnos a decidir si es momento de buscar orientación adicional.
¿Y si mi hijo no va a la escuela?
Cuando un niño aún no asiste a la escuela, también existen otras fuentes importantes de observación.
Familiares cercanos, amigos que comparten tiempo con el niño e incluso nuestra propia intuición como padres pueden ayudarnos a notar señales que merecen atención.
Si algo se repite, nos genera dudas o simplemente sentimos que “algo no fluye”,
escuchar esa intuición también es una forma de acompañar.
En estos casos, el pediatra es el profesional indicado para orientar el siguiente paso.
El pediatra: una guía inicial
El pediatra es un aliado fundamental en el desarrollo infantil.
Compartir nuestras observaciones —y las de personas cercanas— permite evaluar si es recomendable una evaluación más profunda o una referencia a un especialista.
Preguntar no compromete a nada.
Consultar no significa diagnosticar, significa informarse.
Especialistas y evaluaciones
Dependiendo de la necesidad, el pediatra o la escuela pueden recomendar:
- evaluación de habla y lenguaje
- evaluación del desarrollo
- evaluación conductual o de atención
Estas evaluaciones no buscan etiquetar, sino entender mejor cómo aprende, se comunica y se regula el niño, para poder apoyarlo de la mejor manera.
Apoyos y recursos disponibles
Muchas familias no saben que existen programas de apoyo gratuitos o de bajo costo, especialmente durante los primeros años de vida.
En Estados Unidos, por ejemplo, existen servicios de intervención temprana que pueden marcar una gran diferencia cuando se accede a tiempo.
La información existe.
El reto muchas veces es saber que está allí y animarnos a buscarla.
Dar el primer paso también es un acto de amor
Pedir ayuda no significa que estemos fallando como padres.
Significa que estamos comprometidos con el bienestar de nuestros hijos.
A veces, una orientación temprana:
- reduce frustraciones
- mejora la comunicación
- facilita la convivencia familiar
- fortalece el vínculo familiar
Un mensaje para los padres
No necesitas tener todas las respuestas para empezar.
Solo necesitas estar dispuesto a preguntar.
Buscar orientación es abrir una puerta.
Una puerta a herramientas, apoyo y acompañamiento.
Porque cuando un niño recibe ayuda a tiempo,
su camino —y el de su familia— puede ser mucho más ligero.






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